‘Pasar a la historia sin tener poder’

‘Pasar a la historia sin tener poder’

septiembre 4, 2019 0 Por Notired Tlaxcala

Tras una sesión caldeada y después de cinco horas de haber dejado su lugar en la Mesa Directiva de San Lázaro, Porfirio Muñoz Ledo volvió al salón de plenos e intentó volver a su historia. Dijo: «He reflexionado, vengo a anunciar mi retiro de la Presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados».

Y los aplausos y las vivas surgieron de derecha a izquierda. De Gerardo Fernández Noroña a Juan Carlos Romero Hicks. De Morena al PRI, porque por fin se terminaba la discusión iniciada más de seis horas atrás. El PAN acusaba que Muñoz Ledo quería volver a ese tiempo en que el PRI tenía el poder y quería tener siempre más y así se corrompía. Y Morena alegaba, sacando el argumento de su mayoría legítima, que no somos iguales, aunque lo parezcan.

Entre los dos bandos, Muñoz Ledo y sus 86 años era irreconocible con el Muñoz Ledo de 1997. Entonces tenía 64 años y gracias a la unión de la oposición le arrebataban al PRI la presidencia de la Mesa Directiva. Ya en la respuesta al Informe de Ernesto Zedillo, le espetó al PRI una frase en defensa de las minorías: «Nosotros, que cada uno somos tanto como vos y todos juntos valemos más que vos».

Pero ahora el Muñoz Ledo de 86 años y de antes de irse a comer sonreía cuando panistas y priistas le gritaban «¡Espurio! ¡Espurio». Los mandaba al diccionario: «Hay injurias más sabrosas». Los papeles parecían haberse invertido. Morena, que cuando fue PRD era avasallado, tomaba el lugar de los priistas.

A finales de la hegemonía priista, la presidencia de la Cámara de Diputados se turnaba cada año. Sería un acto compasión o un arreglo oscuro o una manera de simular que el poder absoluto no era absoluto. Pero en septiembre de 2006, el acuerdo decía que la presidencia de la Junta de Coordinación Política le correspondía al PAN, mayoría, y la presidencia de la Mesa al PRD, segunda fuerza. El problema era que el PRD no le iba a poner la banda presidencial a Calderón.

El arreglo entre PRI y PAN fue que el primero se quedaba con la Jucopo y el PAN con la Mesa Directiva, y meter en la Ley que la presidencia sería rotativa cada año.

Una vez que la presidió un año, Muñoz Ledo, ahora se negaba a cederla al PAN. Sorpresivamente, Morena inscribió un nuevo acuerdo para presidir la Mesa un año y medio. Los 18 meses restantes a dividirse entre la segunda, tercera y cuarta fuerza… y le pasó diputados al PT para hacerlo cuarta fuerza.

«¡Se acabó su tiempo, compañero!», le gritó Muñoz Ledo a José Elías Lixa, cuando pedía que se suspendiera la discusión. «¡Y el suyo también, pero sigue ahí!», le reviró el panista.

Los priistas sacaron figuras de Madero de unicel con la frase «No reelección». Los panistas desplegaron sus mantas en la tribuna de «No a la dictadura». El expresidente priista Enrique Ochoa defendiendo la democracia y los petistas y morenistas defendiendo la ley del más fuerte. Todo invertido.

Muñoz Ledo apenas presenció una hora de debate y salió del salón de plenos. «¿Para esto quería ser presidente Porfirio? ¿Para no estar?», se burló la panista Sarai Núñez.

«Yo creo que ya se murió y no se ha dado cuenta», dijo Marcela Torres, camino a su curul.

Qué lástima que no estuviera en el pleno, decían y citaban el discurso aquel de 1997. «Sea congruente con su historia, don Porfirio», dijo la priista Cynthia López Castro.

Muñoz Ledo regresó seis horas después de la mano de un asistente. Interrumpió dos veces a Martha Tagle. «Agradezco las alusiones a mi persona, he registrado más de 100, unas amables, otras críticas, algunas, las menos, injuriosas», dijo.

Recapacitó, renunció. Le dio una lección a su propia bancada: «Se puede tener el poder y no pasar a la historia. Se puede pasar a la historia sin tener el poder», dijo. Igual que en 1997, salió ovacionado.

REFORMA